Muchas veces es necesario perderse, perderse como una necesidad instintiva o como una necesidad autoimpuesta. Hay momentos para perderse en una ciudad, dentro de un museo, perderse con una canción, leyendo un libro. Perderse porque de ese modo, y sólo de ese, se encuentran maravillas, instantes, sensaciones y conocimiento que de otro modo sería imposible hallar. Hay momentos en que una situación te lleva a encontrarte con uno de esos instantes en los que conectas contigo mismo y, sencillamente, te dejas llevar. No miras el reloj, el tiempo pasa sin rozarte, sólo existes tú, tus pensamientos y tus emociones ante lo que tienes delante. Otras veces eres tú el que te das cuenta de que necesitas volver a esa sensación, porque quizá es con ella con la que te sientes más tú mismo, porque muchas veces perderse significa encontrarse, descubrirte, levantar la vista de aquello que capta tu atención, sonreír, para después pensar, cómo estoy disfrutando. Y eso significará que estás donde deber estar, que te has dejado llevar por lo que realmente amas, con lo que de verdad disfrutas.
No creo que haya una sensación igual a esta, a encontrarte contigo mismo para ver qué sigue siendo igual en ti y, del mismo modo, descubrir en qué has cambiado. El arte en todas sus facetas permite realizar estos viajes sin rumbo, sin hora de llegada ni de salida, porque las emociones fluyen y no se puede poner muros al placer. El arte como las ciudades, las calles, los pasadizos hacia otros mundos de nuestra mente existen para ser disfrutadas, para perderse en ellas y para descubrir qué nos provocan, qué vemos y sentimos con ellas, porque a través de este proceso nos conoceremos mejor a nosotros mismos.
Creo en el poder de la pérdida para el encuentro. Creo que es sin duda necesaria. Pero si no surge, sino sentimos la llamada para perdernos a través de nuestras aficiones y placeres, también confío en la capacidad de disfrutar aun cuando ha surgido de una premisa autoimpuesta. Es necesario pararnos, perdernos, para saber qué queremos en realidad. Después quizá de un periodo difícil, en el que buscabas tu dirección, el sentido de lo que ocurría a tu alrededor, te das cuenta de que el objetivo consiste muchas veces simplemente en dejarse llevar mientras sigues dedicando todos tus esfuerzos en realizar lo que te entusiasma, con lo que te sientes realizado, porque no creo que nadie pueda errar cuando hace aquello que le apasiona. Si estamos preocupados, angustiados porque nos encontramos ante un abismo de dudas, avanzando en un día a día que nos está apagando, lo primero que tenemos que preguntarnos es ¿porqué estoy así? Para después preguntarte ¿qué puedo hacer para cambiarlo?
Necesitamos dedicarnos a aquello que nos llene, que nos complete, sea lo que sea, como un trabajo, nuestra familia, nuestras aficiones, lo que sea, pero necesitamos pasión en nuestras vidas y sin duda la podemos hallar en el arte. El arte es pasión con distintas direcciones y múltiples sentidos, el arte es el resultado de personas que en algún momento de su vida dedicaron unos instantes a hacer algo con lo que disfrutaban, con lo que conectaban consigo mismos, con su entorno o con lo que imaginaban. Creo que cualquier acción que implique ese proceso interior, íntimo y sincero debe estar en la vida de todos. Pero, como os decía al principio, siempre nos queda la pérdida autoimpuesta, la búsqueda de esa pasión en las pasiones de otros, pues seguro que terminaremos sintiendo alguna de ellas como nuestra, ese es el poder del arte.

Kees Van Dongen, Gitane, 1911, óleo sobre lienzo, Centre Pompidou. Obra expuesta en el Musée de l’Annonciade (Saint‑Tropez). © ADAGP, Paris.
Esto es lo que me ocurrió visitando hace poco la exposición dedicada a Henri Matisse en el CaixaForum de Madrid el pasado mes de enero. Paseándome y recorriendo las obras me topé con este cuadro de Kees Van Dongen y me detuve. Algo me dijo esta obra, me emocionó. Tiene algo muy íntimo y a la vez muy delicado, un aire de vulnerabilidad, de tristeza o quizá de anhelo. No sorprende que antiguamente tuviera como título «La Curiosa». Me llamó la atención especialmente por su sencillez, reconociendo que unos trazos de un gran pintor tienen la capacidad de conmovernos. La exposición «Chez Matisse» puede visitarse hasta el próximo 22 de febrero.
Enlaces externos
«Chez Matisse» CaixaForum: https://caixaforum.org/es/madrid/p/chez-matisse-madrid
Kees Van Dongen, Gitane, Centre Pompidou: https://www.centrepompidou.fr/es/ressources/oeuvre/c887nA9
