Diarios de Contemplación
La ninfa Calypso vivía en Ogigia, una isla del Mediterráneo a la que llegó Ulises durante su viaje de retorno a Ítaca, una vez terminó la guerra de Troya. Calypso, cuyo nombre significa «la que oculta«, se enamoró del «astuto» guerrero y le mantuvo cautivo en aquella isla durante varios años. Se dice que la ninfa vivía en una bella y profunda gruta, cuya evocadora imagen me gustaría que nos acompañara en estos diarios.
Espero que este espacio personal y profesional sea como esa gruta profunda y llena de detalles, una isla mágica que muestra al mismo tiempo los placeres y los peligros de la vida y que, como el arte, quizá recorriéndola, podamos también (re)conocernos a nosotros mismos como en aquel viaje homérico, ese viaje hacia nuestra propia Ítaca particular que hacemos cada uno de nosotros.
La idea de la gruta nos permite pensar este espacio como un umbral en el que, como ocurría en la isla de Calypso, el tiempo parece detenerse, un umbral desde el que asomarnos a un espacio simbólico que iremos creando día a día para, como viajeros que somos, tengamos tiempo de deternos, perdernos, mirar aquello que muchas veces pasa desapercibido, contemplar y, después, reencontrarnos.
Espero que todo aquel que entre, lea, contemple y recorra estos diarios, pueda llevarse a su Ítaca particular matices nuevos que le sirvan para su camino de regreso.


El arte como viaje de ida y vuelta a uno mismo
Muchas veces es necesario perderse, perderse como una necesidad instintiva o como una necesidad autoimpuesta. Hay momentos…